Es el movimiento feminismo una arma nueva del populismo.

El rencor de género, que ha decidido ligar capitalismo con virilidad, es también un movimiento antimercado.

No hay nada más paralizante, contrario al pleno despliegue del potencial de una mujer, que el victimismo. Y nada más peligroso para la convivencia y la salud democrática. El victimismo es uno de los peores vicios de nuestro tiempo. Está vinculado a la infantilización del mundo contemporáneo y su principal efecto es el populismo. Para un demagogo de medio pelo o coleta, el paraíso son millones de víctimas necesitadas de un salvador.

Frente a este nuevo feminismo, agresivo y retro, cabe volver a reivindicar la más brillante conquista de la modernidad: el reconocimiento del individuo. Único, singular, ciudadano, con su voz y voto intransferible y su igualdad protegida por ley

Sobre el caso de los productores de cine y televisión es interesante analizarlo con profundidad.
Es fundamental, porque, aunque se trataba de una costumbre “repugnante” por parte de los productores de la industria del entretenimiento, era una transacción consensual.
Repugnante desde todo punto de vista, claro. Desagradable que el cerdo del cine proponga un acuerdo de prostitución menor; sin embargo, “cabe responder ‘No’ a tales proposiciones. Y tampoco hay que olvidar que no han sido pocas las mujeres que han buscado y halagado al varón viejo, rico y feo, famoso y desagradable, poderoso y seboso, exclusivamente por interés y provecho”.

Suena feo, sobre todo en una atmósfera donde conviene más obviar ciertas verdades. Al final —desde las mujeres que buscan al anciano decrépito por interés; hasta el productor que ofrece un jugoso papel a cambio de sexo— se trata de pactos. Pero ese no es el caso de los acosadores y quienes buscan imponerse con la extorsión y el abuso. Es verdad. Pero como eso es verdad, también hay otra, hoy distorsionada: las mujeres no siempre son víctimas.

a veces las mujeres mienten, algunas mujeres pueden haberse convertido en inquisidoras que cuentan con el respaldo automático a la hora de acusar a algún hombre. Inmediatamente después de apuntar, sin ninguna indagación previa, un individuo —preferiblemente masculino— es degradado hasta su muerte profesional.

Dar crédito a las víctimas por el hecho de presentarse como tales es abrir la puerta a las venganzas, las revanchas, las calumnias, las difamaciones y los ajustes de cuentas. Las mujeres mienten tanto como los hombres, es decir, unas sí y otras no. Si se les da crédito a todas por principio, se está entregando un arma mortífera a las envidiosas, a las despechadas, a las malvadas, a las misándricas y a las que simplemente se la guardan a alguien

Se debe creer y apoyar al verdadero feminismo, ese que se ha ganado la libertad con el esfuerzo inmensurable de grandes mujeres. Tantos símbolos feministas, cuyas contiendas disienten con holgura de las axilas velludas, las tetas al aire etc.

Mujeres que luchan por soluciones pragmáticas y reales. Que comprenden las conquistas. Que buscan acabar con el silencio.

 

Por José Oyarce