PORQUE ES IMPORTANTE ABRIR LOS GIMNASIOS Y CENTROS DEPORTIVOS DE NUESTRO PAÍS ?

La práctica regular de actividad física y ejercicio supone un beneficio enorme en todas las  dimensiones de nuestra vida diaria, pero sin duda sus efectos sobre la salud y el bienestar físico y mental son los más atractivos, incluso con niveles de práctica reducida.

Biológicamente el ejercicio pone en marcha una serie de reacciones celulares coordinadas que involucran la contracción muscular, el incremento en el trabajo del sistema cardiovascular y respiratorio, así como una respuesta neurológica, hormonal e inmunológica que acompaña los procesos de reparación y adaptación al entrenamiento.

No es sorprendente por tanto que el exceso o especialmente el déficit de ejercicio pueda afectar nuestra salud. En general, el sedentarismo parece reducir la capacidad funcional de nuestras  defensas y nos vuelve más vulnerables a algunas infecciones y tumores. De hecho, se ha demostrado que el ejercicio realizado a diferentes intensidades cumple una función moduladora sobre diversos               sistemas, y que su acción sobre la respuesta inmune es de gran importancia.

La actividad física y el ejercicio son especialmente importantes en medio de la pandemia de COVID-19 debido a su función para ayudar a fortalecer y mejorar el funcionamiento inmunológico y reducir el riesgo de enfermedad viral (Nieman, Wentz 2019)6.

La actividad física juega un papel central en la prevención y el manejo de las condiciones de salud cardiovascular y metabólica, así como de algunos cánceres (WHO GAPPA, 2018), que pueden aumentar el riesgo de resultados adversos graves de COVID-19. Además, como muchas personas han          estado en casa y aisladas durante largos períodos, no se pueden ignorar la salud mental y los beneficios sociales de la actividad física comunitaria.

La actividad física regular y el ejercicio frecuente aumentan los aspectos de la competencia inmunológica a lo largo de la vida. De hecho, una sola sesión aguda de ejercicio parece mejorar la respuesta inmunitaria a la vacunación tanto en individuos jóvenes como mayores.

Es probable que los efectos beneficiosos de la actividad física sobre la función inmunológica sean mayores para los adultos mayores que presentan el deterioro de la competencia inmunológica asociado con la edad, también conocido como inmunosenescencia. Además, la evidencia preliminar sugiere que la actividad física y el ejercicio estructurado regular podrían incluso limitar o retrasar el envejecimiento inmunológico.

Los datos epidemiológicos también indican que las personas físicamente activas tienen menos probabilidades de reportar síntomas de enfermedad respiratoria superior y hay evidencia de que el ejercicio puede proteger al huésped de muchos tipos de infecciones virales, incluida la influenza, el rinovirus (otra causa del resfriado común) y la reactivación de infecciones latentes. herpesvirus como Epstein-Barr (EBV), varicela-zoster (VZV) y herpes-simplex-virus-1 (HSV-1).

La investigación ha demostrado que el ejercicio realizado a intensidad moderada (del 65-80% del consumo de oxígeno máximo) realizado de una manera regular (cumpliendo o excediendo las recomendaciones oficiales de 150 minutos/semana), produce una serie extensa de respuestas positivas, incluyendo efectos beneficiosos concretos sobre la capacidad de respuesta inmune frente a la infección.

Además, este tipo de práctica regular de ejercicio moderado tiene un impacto especialmente positivo en la reducción de la inflamación crónica asociada a la resistencia a la insulina (y demás trastornos metabólicos), los procesos neurodegenerativos o el crecimiento tumoral. Y estos efectos se mantienen a lo largo del tiempo si la persona mantiene su compromiso con un comportamiento activo.

Este ejercicio moderado y regular produce adaptaciones crónicas beneficiosas en todos los sistemas de funcionamiento de nuestro organismo y en todos los grupos de edad, pero es en las personas mayores en donde este régimen regular de ejercicio moderado puede ayudar más a mantener una salud sólida y una más que aceptable calidad de vida, ya que contribuye a preservar tanto la función inmune como a contrarrestar los efectos adversos propios del envejecimiento.